La Montaña, mi segunda vida ...
La montaña, mi segunda vida...
Médico de profesión y montañista de corazón.
1989 y con 28 años de edad logré lo que en mi vida jamás ni siquiera hubiese pensado por un minuto, llegar a la cima de una montaña.
A mis 57 años y después de haber hecho cumbre en las 6 montañas más altas de México, aquí en mi espacio me pregunto y trato de dar respuesta..... Porque una masa de roca, nieve y hielo es capaz de atraernos hacia ella. Al inicio por curiosidad, compartir una amistad, disfrutar de la naturaleza y la fotografía, sin embargo y sin imaginarme por un momento que esta actividad me absorbería a tal grado de formar parte de mi vida y deporte al cual en la actualidad le debo mucho quien soy.
En el año de 1989 da inicio esta experiencia con mis entrenamientos en el Cofre de Perote y el cerro Macuiltepetl en la ciudad de Xalapa, Ver., donde por 3 años cursé mi especialidad ( médico Ginecólogo y Obstetra ), incitado por el gusto de la pintura en lienzo y la necesidad de plasmar las montañas y paisajes, aunado a la amistad con un médico colega aficionado a este deporte.
COFRE DE PEROTE
Pasan los días preparándome para el acercamiento a esas enormes estructuras naturales maravillosas e imponentes creadas por nuestro Dios, sin pensar que me llegarían a atrapar e incitar a la conquista de sus cumbres. Es de saber que para tal deporte se requiere de un equipo especial, sin embargo, para ese entonces y de acuerdo a mi presupuesto no era posible. Con equipo prestado nos dimos a la experiencia de ascender el Popocatepetl, acción fallida ante lo imponente del mismo y la falta de visibilidad por la niebla tan cerrada originando un miedo espantoso y quedándome a unos cuantos metros de la cumbre y a pesar de la insistencia del grupo, quedé petrificado y bloqueado, acto que llevó al descenso de todos sin lograr el objetivo y dejando truncado la meta del equipo, alcanzar la cumbre.
Tiempo transcurrido y con esa sensación de no verme derrotado por completo así como reivindicarme ante el grupo, salimos nuevamente a la conquista del Popo, bajo condiciones de clima muy cambiantes pero ahora si con la adrenalina suficiente, la confianza y el ánimo de todo el equipo. Logramos cumbre después de una caminata de 9 horas aproximadamente y habiendo iniciado a las 2 de la mañana a un paso firme y descansado con la respiración y latido cardiaco a tope.
Ese día quedó en mi mente registrado como la más grande hazaña realizada y completándose esta con el bautizo que corresponde de aquel que por primera vez logra la cumbre de una montaña.
Nunca imaginé que a partir de ese momento habría quedado atraído e inmerso por este deporte.